Vainas y Otros Poemas

1. Salmodia, sin gracia ni ritmo

Sé muchas cosas alrededor
de mí. Sé que yo no me visto
de crepúsculos para dormir. Añoro
esas viejas andanzas de tanto
vate insigne. Mas sin embargo
sólo me pongo la piyama
y un par de medias en los pies.
Tampoco veo cosas misteriosas,
ni las intuyo, ni me importan.
Me basta con que el cielo siga
todos los días, sin más perendengues,
y que tus caricias sean eso
y no vehículos para llegar
a las esferas celestiales. Juro
que Dios, Libertad y otros no son más
que la estupidez diaria de tener
que vivir cansada y de no llegar
a conocerlos nunca, que son palabras
con mayúscula y objeto
de gentes sin oficio. Y cómo no,
reconozco que me gusta el aguardiente
y no los néctares sagrados.
Después de todo,
malvivo mi vida, como usted.

2. Muestra las virtudes del amor verdadero y confiesa al amado los afectos varios de su corazón

a Fernando

Hoy pienso especialmente en ti y veo que ese amor carece de desmayos, de ojos aterciopelados y demás gestos admirables.

Ese amor no se hace como la primavera
a punta de capullos
y gorjeos. Se hace cada día
con el cepillo de dientes por la mañana,
el pescado frito en la cocina
y los sudores por la noche.
Se vive poco a poco ese amor
entre tanto plato sucio, detrás del cotidiano
montón de ropa para planchar,
con gritos de niños y cuentas del mercado,
las cremas en la cara
y los bombillos que no funcionan.
Y otra cosa: cada tarde te quiero más.

3. Con usted y con todos los demás

«Otro cielo no esperes, ni otro infierno» Jorge Luis Borges

Tal vez o nunca, entre las paredes
de este cuarto la Pola Salavarrieta
tose, lagrimea, en resumen se asfixia.
Tanta muerte por la libertad
y el orden para terminar
en una Patria Boba, hecha entre chiste y
chanza y más que nada por usted,
ojos, oídos, nariz y garganta
detenidos en un aire de otro siglo,
cuando la tierra era plana. Por usted
que sueña, con los ojos muy abiertos,
en usted y sólo en usted. Por usted,
hombre de mucha fe, que aún reconoce
entre tanta miseria y camina seguro
descubriendo el mundo cada día. Por usted
que ahora protesta porque Colombia está
contra la pared, pero la acorrala más
durmiendo entre tanto olor a Colombia,
esa loca que habla sola, se golpea
contra las tapias y cree que alguien
la puede curar. Y más que nada usted
a quien lo único que interesa ahora
es la cosecha de melocotones en Singapur.

4. EI silencio

—parece verde
—es verde
—-¿es verde?
—sí, es verde
—verde
—¿te gusta el verde?
—me gusta el verde
—¿cualquier verde?
—no, el verde solamente
—¿por qué el verde?
—porque es verde
—¿y si no fuera verde?
—no, sólo me gusta el verde
—¿sólo el verde entonces?
—sí, sólo el verde
—es lindo el verde
—sí, el verde es lindo
—claro, el verde
—sí, el verde.

5. Jugando a las escondidas

«Tengo que pensar que todo lo que me sucede es mi vida» Mónica Yiti

Al comienzo la llorarán mucho.
Habrá novena, misas cantadas
con diáconos y cuatro curas.
El luto adornará a los parientes
que entre lágrimas verán su vida como una hazaña.
Será gran señora, incomparable esposa,
dilecta amiga, pozo de gracia,
de virtudes y dones.
El vacío que dejará en la sociedad
no podrá llenarse aunque lo intenten.
Se conservarán igual que reliquias
cadejos de pelo.
Y hasta habrá manos
que echen de menos otras manos.
Con los años será la abuela
que hay que pasar a un osario
y luego la foto en cualquier rincón de la casa
que nadie sino de lejos sabe
a quien retrata. Finalmente nada.

Tengo Miedo

1. Encuentros con el enemigo

Ocurre ya bien entrada la noche. De repente
los motivos del día quedan en suspenso.
Una música que en otras horas
le hubiera traído nostalgias impacientes
la oye ahora como palabras y palabras.
Llama por teléfono a alguien
y alguien no está o sí pero es igual.
Piensa en el que ama y ve con claridad
que ese amor es la violeta del sueño que no existe.
Los rostros perdidos vienen uno a uno a su memoria,
indiferente los mira y los deja pasar de largo.
Entonces ocurre el miedo porque sí
y ya nada queda sino el abandono.
A la mañana siguiente, irresponsable y cotidiana,
amará de nuevo y sin pudor
a todos los fantasmas de la noche pasada.

2. El oficio de vestirse

De repente,
cuando despierto en la mañana
me acuerdo de mí,
con sigilo abro los ojos
y procedo a vestirme.
Lo primero es colocarme mi gesto
de persona decente.
En seguida me pongo las buenas
costumbres, el amor
filial, el decoro, la moral,
la fidelidad conyugal:
para el final dejo los recuerdos.
Lavo con primor
mi cara de buena ciudadana
visto mi tan deteriorada esperanza,
me meto entre la boca las palabras,
cepillo la bondad
y me la pongo de sombrero
y en los ojos
esa mirada tan amable.
Entre el armario selecciono las ideas
que hoy me apetece lucir
y sin perder más tiempo
me las meto en la cabeza.
Finalmente
me calzo los zapatos
y echo a andar: entre paso y paso
tarareo esta canción que le canto
a mi hija:
«Si a tu ventana llega
el siglo veinte
trátalo con cariño
que es mi persona».

3. EI oficio de vivir

He aquí que llego a la vejez
y nadie ni nada
me ha podido decir
para qué sirvo.
Sume usted
oficios, vocaciones, misiones y predestinaciones:
la cosa no es conmigo.
No es que me aburra,
es que no sirvo para nada.
Ensayo profesiones,
que van desde cocinera, madre y poeta
hasta contabilista de estrellas.
De repente quisiera ser cebolla
para olvidar obligaciones
o árbol para cumplir con todas ellas.
Sin embargo lo más fácil
es que confiese la verdad.
Sirvo para oficios desuetos:
Espíritu Santo, dama de compañía, Estatua
de la Libertad, Archipreste de Hita.
No sirvo para nada.

4. Conversación con mi hija

Muchas cosas pasarán sobre tu cuerpo
lluvia, deseos, labios, tiempo
gastarán tu piel y por dentro tu alma.
A menudo tendrás que saludar
a la fe, a la esperanza, a la caridad.
Son cuestiones inevitables,
usa la cortesía y santas pascuas.
Te acosarán a respuestas blanco sobre negro
y viva la civilización, te gritarán
y cuando entiendas por fin que el mundo
es redondo habrás perdido para siempre.

Sobre tus hombros la llevarás,
a la civilización te digo,
vestida de gringa, o de sueca o de japonesa:
esta dama lee a Platón,
se bendice las axilas con desodorantes,
toma coca-cola y no permite
que la saluden con el sombrero puesto.
Usa siempre la cortesía y
no se te olvide, hija
lavarte los dientes todas las mañanas
y apagar la luz antes de dormir.

Tengo miedo

«...Todo desaparece ante el miedo. El miedo, Cesonia; ese bello sentimiento, sin aleación, puro y desinteresado; uno de los pocos que saca su nobleza del vientre» Albert Camus («Calígula»)

Miradme: en mí habita el miedo.
Tras estos ojos serenos, en este cuerpo que ama: el miedo.
El miedo al amanecer porque inevitable el sol saldrá y he de verlo,
cuando atardece porque puede no salir mañana.
Vigilo los ruidos misteriosos de esta casa que se derrumba,
ya los fantasmas, las sombras me cercan y tengo miedo.
Procuro dormir con la luz encendida
y me hago como puedo a lanzas, corazas, ilusiones.
Pero basta quizás sólo una mancha en el mantel
para que de nuevo se adueñe de mí el espanto.
Nada me calma ni sosiega:
ni esta palabra inútil, ni esta pasión de amor,
ni el espejo donde veo ya mi rostro muerto.
Oídme bien, lo digo a gritos: tengo miedo.

Hola Soledad

1. Juventud, bien ida seas

«Fui feliz, pero me aburrí tanto» Graham Greene

Un cuerpo que se alza con pereza
porque el aire le pesa y el vestido.
Sin sed ni preguntas, la boca cae,
caen también los pechos, tela de seda ajada,
y son frutas secas los pómulos maquillados.
Los ojos hundidos no miran hacia fuera
para ver el cojín desgonzado en el sofá
o la luz que recalienta las flores;
pasa ahora por ellos lo invisible,
como una cara que ya no es
o el verde acero de un río
paralizado para siempre en la memoria.
Juventud, bien ida seas:
heroína de fábulas misteriosas
vestida con ropas prestadas, bien ida seas.
Te llevas el coqueteo de los espejos
y la alegría de gastar un cuerpo joven.
Pero cómo añorar los turbios monólogos del amor,
las tardes de sábado con sus afanes fracasados,
aquella espera ciega de algo que no llega
y tanta playa, vino y rosas, piernas desnudas
que anunciaron infiernos y paraísos
y sólo se recuerdan después con un bostezo.

Juventud, bien ida seas,
es el momento de cambiar de sueños.

2. Esta mano que todos ven

Esta mano nerviosa y pequeña que todos ven,
esta mano de uñas pintadas y piel frágil
ha cometido sin temblar
oscuros asesinatos fracasados
y algún suicidio rencoroso
en el abandono de la almohada y las lágrimas.
Esta mano ha mentido en salones y calles
con ceremonias usadas y ajenas.
En habitaciones oscuras, esta mano
ha huido de la ternura,
pero lenta como ola de aceite
ha dado placer a los cuerpos.
Esta mano ha ordenado en fila las palabras
para llevarlas al abismo
y hacerlas decir ya sin aliento
del esplendor de las pobres emociones,
del desplome de las ruinas aún en pie,
de la sal viva en las pestañas.
Esta mano ha robado en duermevela
cosas que nunca se atrevió a hacer suyas
y ahora en su palma sólo tiene roces
y el vacío en el que estuvo otra mano.
Esta mano tiene atravesadas las líneas
de una vida que se perdió
porque no supo, no comprendió, no quiso.

3. Poema del desamor

Ahora en la hora del desamor
Y sin la rosada levedad que da el deseo
Flotan sus pasos y sus gestos.

Las sonrisas sonámbulas, casi sin boca,
Aquellas palabras que no fueron posibles,
Las palabras que sólo zumbaron como moscas,
La poca fe en las ceremonias de la ternura
Y sus ojos, frío pedazo de carne azul.
Días perdidos en oficios de la imaginación,
Como las cartas mentales al amanecer
O el recuerdo preciso y casi cierto
De encuentros en duermevela que fueron con nadie.
Los sueños, siempre los sueños.

¡Qué sucia es la luz de esta hora,
Qué turbia la memoria de lo poco que queda
Y qué mezquino el inminente olvido!

4. La patria

Esta casa de espesas paredes coloniales
y un patio de azaleas muy decimonónico
hace varios siglos que se viene abajo.
Como si nada las personas van y vienen
por las habitaciones en ruina,
hacen el amor, bailan, escriben cartas.

A menudo silban balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.
En esta casa los vivos duermen con los muertos,
imitan sus costumbres, repiten sus gestos
y cuando cantan, cantan sus fracasos.

Todo es ruina en esta casa,
están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa son ruina,
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.
En esta casa todos estamos enterrados vivos.

5. Preguntas a un recuerdo

In memoriam LP

I El recuerdo no es un mueble viejo
que se mira a veces al pasar,
se roza de cuando en cuando
y se le limpia el polvo alguna tarde.
El recuerdo tiene vida,
respira, busca, interroga, acecha.
Recoge cosas por el camino,
inventa calles y palabras,
bebe de la luz, de los desastres.
Se mira en un espejo compasivo,
se alimenta del deseo.
Puebla nuestra vida a su antojo,
no tiene geografía conocida.
Nadie sabe cuándo comienza un recuerdo, nadie sabe
si esta mañana y su luz serán recuerdo.

II
Años después como quien tantea a oscuras, pregunto:
¿nos bañamos desnudos bajo la ducha, llenos de risa,
en ese hotel decimonónico de Leningrado?
Recuerdo el color de la luz, las resbaladas caricias.
Recuerdo y no recuerdo, tropiezo entre la lucidez y el engaño,
entre unas paredes irreales y el olor almendrado del jabón.

A veces creo que se rozaron los cuerpos mojados, a veces veo sólo
caer la nieve sobre la cara metálica del Pushkin solitario
que vive su eternidad en un jardín cercano.

6. Oda al amor

Una tarde que ya nunca olvidarás
llega a tu casa y se sienta a la mesa.
Poco a poco tendrá un lugar en cada habitación,
en las paredes y los muebles estarán sus huellas,
destenderá tu cama y ahuecará la almohada.
Los libros de la biblioteca, precioso tejido de años,
se acomodarán a su gusto y semejanza,
cambiarán de lugar las fotos antiguas.
Otros ojos mirarán tus costumbres,
tu ir y venir entre paredes y abrazos
y serán distintos los ruidos cotidianos y los olores.
Cualquier tarde que ya nunca olvidarás
el que desbarató tu casa y habitó tus cosas
saldrá por la puerta sin decir adiós.
Deberás comenzar a hacer de nuevo la casa,
reacomodar los muebles, limpiar las paredes,
cambiar las cerraduras, romper los retratos,
barrerlo todo y seguir viviendo.

7. Poema para el amante

De repente el silencio se abre,
lo mismo que se aparta la niebla
con el soplo del viento,
y deja paso a un camino claro
en el que una cáscara de arroz
puede brillar más que el sol.

Las palabras pierden su medida:
los «te amo» a media voz,
los «eres mi vida», en un diálogo
torpe, jubiloso, vergonzante.

La ternura borra por un instante
tantos cuerpos conocidos
con prisa y sin deseo.
Como un placer prohibido
regresa a la esperanza:
otra vez a la espera
de que el teléfono timbre
o una carta o sólo la espera.

8. Hoy, 13 de mayo de 1985

Llega tu voz por el teléfono,
la oigo a mi lado en la cama:
sensación o engaño o sombra.
Se mezclan el amanecer,
el desorden de las cobijas
y un sabor espeso en la boca.
Trato de verte mientras tu voz habla:
el pelo despeinado contra la almohada,
el despreocupado ademán de tu cuerpo
al otro lado del teléfono.
Sin conocerlos imagino los objetos que te rodean,
la lámpara encendida sobre la mesa de noche,
tal vez un libro al lado,
las cortinas blancas ya descorridas
y una foto familiar en cualquier sitio.
Todo es irreal en este momento,
esa luz sucia que comienza,
las palabras entre dos labios que no veo
y el escenario falso, en el que esto ocurre.
La frase final, la de siempre,
«hasta luego» dices
y todas las cosas igual que un rompecabezas
se colocan de nuevo en su lugar.
Tu voz es un recuerdo ya.

9. Maldición

Te perseguiré por los siglos de los siglos.

No dejaré piedra sin remover
Ni mis ojos horizonte sin mirar.

Donde quiera que mi voz hable
Llegará sin perdón a tu oído
Y mis pasos estarán siempre
Dentro del laberinto que tracen los tuyos.

Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos,
Resucitarán los muertos y volverán a morir
Y allí donde tú estés:
Polvo, luna, nada, te he de encontrar.

10. Tarjeta de visita

El mundo es esto que miro:

la mesa que reúne sobre ella
cosas banales como el mantel y los vasos,
el lomo lechoso de los cerros al amanecer,
una silla que recibe la luz oblicua de la tarde,
la alcachofa que yace deshojada en un plato.

La vida es esto que muere:

una mano alzándose que ya es polvo y raíces,
la palabra que se venga del desamor y la derrota,
el olor de un jabón frotado a los 10 años,
esta tierra herida que contiene huesos y náufragos.

El cielo y su infierno, odio y amor,
la dicha y la desdicha, el color de la luz,
son el desencuentro de todas esas cosas
que dicta mi oscuro e incierto corazón.

11. Descripción del enemigo

Y porque nuestra razón nos aparta violentamente del abismo,
por eso nos acercamos a él con más ímpetu
Edgar Allar Poe (El demonio de la perversidad)

I Es el aire que entra por tu boca el enemigo,
el sueño que sueñas sola,
las palabras que dices y las que no dices,
las miradas que salen de tus ojos,
tus pensamientos quién sabe en qué,
las manos que usas para tocar
así sea con la sabiduría del deseo,
los pies que te conducen sin rumbo hacia el desastre,
son el enemigo que vela, el insomne impávido
que te aborda por todos los poros
y como un tumulto de hormigas rojas
te inunda con la sangre de tus venas
y te deja, ya para nada, seguir la vida.

II O lo mismo: colocarte de estatua en un parque
para que escriban vulgaridades
en tu piel oscura o pasen de largo,
ponerte al filo del abismo por si acaso,
soñar con el desastre más cercano
y empujar el sueño a la vigilia,
buscar la trampa para caer en ella
hasta perder la luz y el corazón,
construirte con primor por la mañana
y naufragar por la tarde en la taza de té,
colocarte ante el espejo para mirar tu obra
y seguir la vida, ya para nada.

12. Oracion

No más amaneceres ni costumbres,
no más luz, no más oficios, no más instantes.
Sólo tierra, tierra en los ojos,
entre la boca y los oídos;
tierra sobre los pechos aplastados;
tierra entre el vientre seco;
tierra apretada a la espalda;
a lo largo de las piernas entreabiertas, tierra;
tierra entre las manos ahí dejadas.
Tierra y olvido.

Maneras del desamor

1. «Mon semblable»

Lector de estos versos:
sé que vas a leerlos
porque esperas que te digan
aquello que quieres oír y nada más.
Tal vez esa palabra próxima
que te roce lo mismo
que otra caricia ya imposible.
Tal vez esa palabra destruida
que te regrese
al olor perdido de un jabón o un río.
Tal vez esa palabra irrevocable
que te ponga ante los ojos
una cara que ahora es ceniza.
Tal vez esa palabra ajena
que te diga igual que aquellas
con las que ardiste en otro tiempo.
Pero no las hallarás aquí:
también las he perdido para siempre.
Yacen ya entre la tumba que me espera.

2. Reloj de sangre

«Nada es más hondo que una ausencia admitida» JON SlLKIN

Las ausencias me asisten:
esa voz que saluda grosera
«hola borracha», ya me falta
y también la dulce de anteayer: «¿eres tú?»;
la punzada que regresa con unos versos
hoy de repente recordados:
«Vinieras y te fueras dulcemente de otro camino a otro camino...»
Me asiste el pinar de Daroca y mi madre allí mirando como ida; hay también un río quieto: ese de verde agua profunda que moja mis 10 años.
Me ilumina aquel luminoso «has sido mi compañera de camino» dicho en la sombra de la alcoba por una voz que hoy es ceniza.
Y está también lo que ya sé:
«adiós», me dices, no ha ocurrido, ya ha ocurrido porque hieren las ausencias antes, mucho antes que mañana sean.

3. Elegía

Caminaba mirando el cielo
Y me fui de narices.
Ahora echo sangre por todas partes:
Las rodillas, el aire, los recuerdos;
Mi falda se desgarró
Y perdí los aretes, la razón.

¿No hay en el alma
Una manera otra
De vivir un desamor?

4. Poema de los Hados

Soy hija de Benito Mussolini
y de alguna actriz de los años 40
que cantaba la «Giovinezza».
Hiroshima encendió el cielo
el día de mi nacimiento y a mi cuna
llegaron, Hados implacables,
un hombre con muchas páginas acariciadas
donde yacían versos de Amor y de Muerte;
la voz furiosa de Pablo Neruda;
bajo su corona de ceniza, Wilde
bello y maldito,
habló del esplendor de la Vida
y de la seducción fatal de la Derrota;
alguien gritó «muera la inteligencia»,
pero en ese mismo instante Albert Camus
decía Palabras
que eran de acero y de luz;
la Pasión ardía en la frente de Mishima;
una desconocida sombra o máscara,
puso en mi corazón el Paraíso Perdido
y un verso:
«par délicatesse j "ai perdu ma vie»

Caía la lluvia triste de Vallejo,
se apagaba en el viento la llama de Porfirio;
en el aire el furor de las balas
que iban de Cúcuta a Leticia, se cruzaba
con los cañones de «Casablanca»
y las palabras de su canción melancólica:
«El tiempo pasa,
un beso no es más que un beso...»

Así me fue entregado el mundo.
Esas cosas de horror, música y alma
han cifrado mis días y mis sueños.

5. Poema del desasosiego

Preguntas: ¿dónde la vida?
El Amor no te encuentra:
a tus brazos y abrazos todo fruto o pasión
llegan podridos;
las manos tuyas sólo tocan materia que se deshace;
la leve losa de tus párpados
deja entrever una mirada ahíta.
Es tu corazón un cementerio
lleno de tumbas de vivos y muertos:
habitante de la tumba, ¿te acuerdas de mí?
La Esperanza no está:
las nubes muestran escenas demasiado conocidas
y te pesan el vestido y las horas una a una;
el suelo que pisas
cede a cada paso: te lleva siempre más abajo.
Eres entre los vivos un rehén,
pero ¡pobre de ti!:
ni tan siquiera la Muerte te mira.

6. Huele a podrido

Caes cada día en el pozo de la culpa.
Caes y te levantas en un juego innoble
de muertes sin fin y resurrecciones.
Porque mueres a causa de cosas frívolas,
como un amor que inatajable se seca
o las trece sílabas que hacen un verso amargo
o por las sábanas destendidas y el turbio olor
que deja en tu cama un cuerpo ajeno y pasajero
o sólo por una palabra que oyes a destiempo.
Y resucitas por esa indolente resignación
a desangrar hechos y risas con desgano.
A tu alrededor, sin embargo, y a toda hora
hay muertos que mueren de verdad,
el aire huele a cosa sucia y podrida
y la vida se vive entre las balas y el abismo.
El miedo como un sol negro y derretido
se filtra en las habitaciones, ocupa los espejos.
El miedo, ese viento que cierra puertas y ventanas.
Hay rencor y hay asco en todas partes:
entre los platos de comida, sobre las almohadas,
a la hora de hablar de los recuerdos,
antes y después del buenos días, en los bostezos,
en toda esquina, ojo, instante, boca.
Y tú, infeliz sobreviviente de una muerte
que forma parte del paisaje como el aire
y que a todos al mismo tiempo manosea,
debes cada día confundir tu culpa.

El canto de las moscas (versión de los acontecimientos)

1. Canto 1
Necoclí

Quizás
el próximo instante
de noche tarde o mañana
en Necoclí
se oirá nada más
el canto de las moscas.

Canto 4
Dabeiba

El río es dulce aquí
en Dabeiba
y lleva rosas rojas
esparcidas en las aguas.
No son rosas,
es la sangre
que toma otros caminos.

Canto 7
Tierralta

Esto es la boca que hubo,
esto los besos.
Ahora sólo tierra: tierra
entre la boca quieta.

Canto 10
Amaime

En Amaime
los sueños se cubren
de tierra como
si fueran podredumbre.

Canto 12
Pájaro

Si la mar es el morir
en Pájaro
la vida sabe a mar.

Canto 24
Soacha

Un pájaro
negro husmea
las sobras de
la vida.
Puede ser Dios
o el asesino:
da lo mismo ya.